Durante muchos años de experiencia profesional, tanto en el sector privado como en el sector público, he podido observar de cerca cómo funcionan las organizaciones, cómo se toman decisiones y cómo determinados problemas pueden repetirse durante años sin encontrar una solución realmente efectiva.
En el caso del Estado, muchas veces existe la percepción de que para solucionar un problema es necesario crear una nueva norma, un nuevo procedimiento, una nueva comisión o una nueva estructura administrativa. Sin embargo, no siempre es así.
En muchos casos, el problema no está únicamente en la falta de normas o recursos, sino en la forma en que se gestionan los procesos, en la falta de coordinación entre instituciones, en la excesiva burocracia o en decisiones que terminan alejándose de las necesidades reales del ciudadano.
De esa reflexión nace Jōshiki.
La palabra japonesa Jōshiki puede entenderse como sentido común, buen criterio o aquello que resulta razonable dentro de una determinada realidad. Ese concepto resume la idea principal de este espacio: analizar los problemas del Estado con una mirada técnica, pero también práctica.
El Estado debe facilitar la vida del ciudadano
El ciudadano se relaciona permanentemente con el Estado.
Lo hace cuando paga impuestos, realiza un trámite, solicita una licencia, participa en un procedimiento administrativo, recibe un servicio público o necesita acceder a algún programa del Estado.
Por ello, toda política pública, procedimiento o decisión administrativa debería partir de una pregunta sencilla:
¿Esto facilita o complica la vida del ciudadano?
Parece una pregunta básica, pero muchas veces la administración pública termina concentrándose principalmente en sus propios procedimientos internos.
El cumplimiento de una norma es indispensable, pero también lo es comprender para qué existe esa norma y qué resultado busca conseguir.
Un procedimiento correctamente ejecutado, pero que demora excesivamente, genera costos, retrasa decisiones o impide atender oportunamente una necesidad pública, también debería ser objeto de análisis.
No siempre necesitamos más normas
El Estado peruano cuenta con una gran cantidad de normas, procedimientos, directivas y sistemas administrativos.
Sin embargo, la existencia de más reglas no garantiza necesariamente una mejor gestión.
En algunos casos ocurre exactamente lo contrario: el exceso de procedimientos puede generar duplicidades, retrasos y responsabilidades poco claras.
Antes de crear una nueva obligación administrativa deberíamos preguntarnos:
¿Es realmente necesaria?
¿Genera valor para el ciudadano?
¿Existe una manera más sencilla de obtener el mismo resultado?
Simplificar no significa eliminar controles ni debilitar al Estado.
Significa identificar aquellos procedimientos que realmente generan valor y eliminar actividades que solo consumen tiempo y recursos sin mejorar los resultados.
La experiencia también debe formar parte de las soluciones
Las políticas públicas suelen analizarse desde el punto de vista normativo, económico o académico.
Todos esos enfoques son necesarios.
Pero también existe un conocimiento que se obtiene únicamente después de muchos años trabajando dentro de las organizaciones: la experiencia práctica.
Las personas que participan diariamente en los procedimientos conocen dificultades que muchas veces no aparecen en los documentos.
Saben dónde se producen los retrasos, qué actividades se repiten innecesariamente, qué normas generan interpretaciones distintas y cuáles son los puntos críticos de un proceso.
Escuchar esa experiencia puede permitir identificar soluciones mucho más realistas.
Tecnología sí, pero con propósito
La transformación digital también representa una enorme oportunidad para mejorar la gestión pública.
La interoperabilidad entre instituciones, la automatización de procesos y el uso responsable de inteligencia artificial pueden reducir tiempos y mejorar los servicios públicos.
Pero digitalizar un procedimiento ineficiente no necesariamente lo convierte en eficiente.
Antes de incorporar tecnología debemos revisar el proceso.
La verdadera transformación digital no consiste simplemente en convertir un formulario físico en uno electrónico.
Consiste en preguntarnos si ese formulario sigue siendo necesario.
Jōshiki: analizar, proponer y debatir
Este espacio nace con una finalidad sencilla.
Quiero compartir conocimientos, experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la gestión pública, tributación, contratación pública, planeamiento estratégico, modernización del Estado y otros asuntos de interés público.
No pretendo tener todas las respuestas.
Tampoco busco que todas las personas coincidan con mis opiniones.
El debate es necesario y diferentes puntos de vista pueden ayudar a construir mejores soluciones.
Lo que sí quiero promover desde Jōshiki es una manera de analizar los problemas públicos basada en tres elementos:
Conocimiento técnico.
Experiencia.
Sentido común.
La propuesta Jōshiki
Cada vez que analicemos un problema del Estado, deberíamos hacernos al menos cuatro preguntas:
¿Cuál es realmente el problema?
¿Por qué continúa ocurriendo?
¿Cómo afecta al ciudadano?
¿Existe una solución más sencilla y eficiente?
El objetivo no debe ser únicamente identificar aquello que funciona mal.
Debemos avanzar hacia propuestas concretas y viables que permitan mejorar la gestión pública.
Un Estado moderno no debería medirse por la cantidad de normas que produce, sino por su capacidad para solucionar problemas y brindar mejores servicios a los ciudadanos.
Ese es el propósito de Jōshiki.
Analizar, proponer y contribuir a construir un Estado más eficiente, moderno y cercano al ciudadano.
Miguel Ángel Espinoza Torres
Contador Público Colegiado
Especialista en Tributación, Gestión Pública y Contrataciones Públicas
Jōshiki — Sentido común para un mejor Estado

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